Una feroz ola de ataques aéreos masivos volvió a sacudir el territorio ucraniano, dejando al descubierto la devastación constante a la que está expuesta la población civil. Durante la última jornada, las fuerzas armadas rusas desplegaron una ofensiva coordinada con drones de ataque que provocó al menos cinco víctimas fatales confirmadas en Kiev, Zaporizhzhia y Odesa, además de severos destrozos en infraestructuras clave y áreas residenciales.
El despliegue bélico incluyó el lanzamiento de 170 aparatos no tripulados desde múltiples frentes estratégicos, afectando a más de ocho regiones del país. En Kiev, los impactos alcanzaron áreas industriales y edificios de viviendas, afectando incluso a un centro de datos. En tanto, las regiones del sur y el este sufrieron embestidas directas contra la red energética, dejando en evidencia la estrategia de desgastar los servicios esenciales ante la mirada de la comunidad internacional.
La ofensiva se produjo horas después de que el canciller ruso, Serguéi Lavrov, ratificara ante la Asamblea General de la ONU que Moscú continuará con su campaña militar de manera incondicional. Ante el endurecimiento del discurso del Kremlin, el presidente Volodímir Zelensky renovó su reclamo a las potencias del denominado Sur Global —incluyendo a China, India y Brasil— para que abandonen la neutralidad y adopten una posición firme que obligue a frenar la agresión armada.
