A menos de 48 horas de que cerca de 158 millones de ciudadanos acudan a las urnas, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y su principal opositor, el senador Flávio Bolsonaro —hijo del exmandatario Jair Bolsonaro—, encabezan intensas movilizaciones en la recta final de la campaña presidencial. En Río de Janeiro, Lula lideró una multitudinaria marcha conocida como la «Caminata de la Victoria», que recorrió desde la histórica iglesia de la Candelaria hasta la Cinelândia. La jornada forma parte de un sprint final del oficialismo que busca asegurar los apoyos necesarios antes de la votación del domingo.
La contienda electoral no solo definirá el rumbo de la Presidencia de la República para los próximos cuatro años, sino que también renovará la totalidad de la Cámara de Diputados, un tercio del Senado y la conducción de los 27 estados brasileños. Mientras Lula centró sus intervenciones televisivas en defender la gestión actual y apelar al voto de estabilidad, Flávio Bolsonaro articuló su mensaje en torno al descontento social y la necesidad de concentrar el voto opositor para desplazar al Partido de los Trabajadores (PT) del poder.
El tramo decisivo del proceso electoral estuvo marcado por una fuerte tensión institucional y la suspensión del tradicional debate presidencial en TV Globo. Tras declinaciones cruzadas y decisiones de la Justicia electoral sobre la dinámica del encuentro, la transmisión fue cancelada, dejando a la población sin el cruce directo entre los principales aspirantes. Ante este escenario de máxima paridad e incertidumbre política en toda la región, el electorado brasileño definirá este domingo si consagra una victoria en primera vuelta o si la contienda se resolverá en un eventual balotaje.
