La tormenta financiera que sacude al sector cárnico nacional golpea de lleno en el territorio entrerriano. La firma Ecocarnes S.A. desencadenó un severo temblor en la industria ganadera tras acumular 232 cheques rechazados por un monto que roza los $6.000 millones, de los cuales prácticamente la totalidad permanece sin saldar. Esta parálisis en la cadena de pagos ya genera un impacto directo entre productores y consignatarios de Entre Ríos, quienes quedaron expuestos a una millonaria deuda contraída por el establecimiento con sede en la localidad bonaerense de San Fernando.
En el sector ganadero reina la alarma ante lo que consideran un inminente concurso preventivo de acreedores, con un pasivo total que supera los $41.000 millones repartidos entre una veintena de entidades bancarias. A pesar del colapso operativo y los compromisos financieros impagos, la planta continúa operando al 30% de su capacidad instalada, faenando apenas unos 300 animales diarios sobre los 900 habituales. Esta drástica contracción encendió las alarmas de las cadenas productivas regionales, que ven cómo la mora pone en riesgo el flujo de capital imprescindible para sostener la ganadería local.
Paralelamente, la crisis destapó un escenario de precarización laboral y tensiones gremiales dentro del frigorífico. La Federación de Sindicatos de los Trabajadores de la Carne y Afines (Fesitcara) denunció la falta de aportes patronales, el corte de coberturas de obras sociales para los más de 500 empleados y la pretensión empresarial de recortar salarios para absorber costos fijos desorbitados —como tarifas eléctricas de $300 millones mensuales—. Con una audiencia clave fijada en el Ministerio de Trabajo para este 5 de octubre, el desplome del consumo interno y el freno a las exportaciones exponen la vulnerabilidad de un modelo productivo que hoy deja a los productores entrerrianos como rehenes de la especulación y la mala gestión.
