La sangría en las carreteras de Entre Ríos no se detiene y vuelve a poner en evidencia las fallas estructurales tanto del control estatal como del comportamiento ciudadano. En lo que va de 2026, la provincia ya contabiliza 89 víctimas fatales por siniestros viales, de las cuales 57 perecieron directamente en trazados ruteros. Datos oficiales provistos por la Dirección General de Prevención y Seguridad Vial confirman que las colisiones entre vehículos representan el 62% de las tragedias graves. Los impactos frontales y frontolaterales encabezan la lista, trágicamente impulsados por adelantamientos indebidos, excesos de velocidad y una temeraria confianza al conducir que se manifiesta, paradójicamente, en un 55% de los casos ocurridos en pleno día.
A este panorama de violencia vial se suma la constante distracción tecnológica. Controles tecnológicos instalados en Paraná y otros puntos de la provincia detectaron cerca de 1.900 infracciones sin sanción económica efectiva por encontrarse en fase diagnóstica, donde casi el 70% correspondió al uso indebido del teléfono celular al volante y un 30% a la omisión del cinturón de seguridad. Esta inconducta sistemática se complementa con la circulación de vehículos con deficiencias mecánicas y neumáticos desgastados, sumado al estado de deterioro que presentan diversos tramos viales, pozos y falta de infraestructura adecuada que incrementan exponencialmente el peligro en jornadas lluviosas.
El peligro se potencia en la red vial entrerriana con la presencia de animales sueltos en las rutas 12, 14, 127 y provincial 6, factor involucrado en casi el 11% de los accidentes graves. Mientras la fauna silvestre y el ganado vacuno sin custodia invaden las calzadas, los automovilistas quedan desamparados ante litigios por coberturas de seguro y la ausencia de respuesta por parte de propietarios de campos, concesionarias viales o el propio Estado. La crisis vial de la provincia exige superar los discursos preventivos y ejecutar políticas integrales de fiscalización, sanción e infraestructura para frenar una sangría que se cobra vidas a diario.
