La erosión del poder adquisitivo y el estancamiento del crédito siguen pasando una factura demoledora a los hogares y al entramado productivo. Según el último informe de entidades financieras difundido por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), la morosidad de las familias registró un nuevo máximo histórico en julio al alcanzar el 12,9%, superando el 12,8% computado en junio.
Ante la incapacidad masiva de pago, tanto la banca tradicional como las plataformas fintech se vieron obligadas a lanzar planes extraordinarios de refinanciación para evitar un colapso generalizado en la cadena de cobros.El fenómeno de la mora ya afecta a unos seis millones de personas sobre un universo de 20,9 millones de deudores del sistema formal. El deterioro del cumplimiento no es exclusivo de los consumos familiares; también golpea a las empresas, donde la irregularidad ascendió al 3,6%, y al sector no bancario (fintech), donde las estimaciones de la consultora 1816 ubican la morosidad en un preocupante 8,2%.
Frente a un escenario donde el financiamiento representa apenas el 13,1% del Producto Bruto Interno (PBI) —cifra sustancialmente inferior a promedios regionales como Brasil (74,9%) o Chile (75,6%)—, las entidades salieron a contener la denominada «mora temprana» (atrasos de hasta 90 días) antes de que el saldo pase a la categoría de incobrable:
- Banco Nación: Implementó esquemas de reestructuración para deudores en Situación 3 o superior, ofreciendo alternativas en UVA a 120 meses (TNA del 7,5%) y esquemas en pesos a 96 meses con tasa del 25% N.A.
- Banco Ciudad: Lanzó un programa de desendeudamiento familiar fijando en 28% la tasa nominal anual para saldos impagos en tarjetas y créditos personales.
- Expansión fintech: Aunque el volumen de préstamos otorgados por el sector no bancario se multiplicó desde 2019 alcanzando más de 10,6 millones de operaciones, las elevadas tasas y el perfil de los solicitantes aceleraron los niveles de incumplimiento.
La proliferación de morosos cruzados —personas que mantienen deudas simultáneas con bancos, financieras y comercios— deja en evidencia un modelo de endeudamiento utilizado para cubrir gastos corrientes de subsistencia. En este contexto, las facilidades de renegociación ofrecidas por el sistema financiero actúan como un paliativo temporal ante una crisis de ingresos que no encuentra piso en la economía real.
