La crisis en el poder adquisitivo de los hogares golpea con fuerza el engranaje financiero y profundiza el enfriamiento de la economía real. Según un informe de First Capital Group basado en datos del Banco Central, el financiamiento destinado a las familias volvió a retroceder en octubre de forma generalizada, acumulando caídas contundentes en las líneas de consumo masivo. Pese a las campañas comerciales y las expectativas de repunte por fest fechas especiales, los saldos con tarjetas de crédito se derrumbaron un 12,2% en términos reales respecto al mismo período del año anterior, evidenciando que los ingresos disponibles quedaron totalmente rezagados frente a la inflación.
El retroceso no se limita al plástico, sino que profundiza una tendencia estructural de endeudamiento y retracción en los hogares entrerrianos y de todo el país. Los préstamos personales sufrieron una baja del 0,6% mensual y acumulan caídas en 12 de los últimos 13 meses, arrastrados por el incremento de la morosidad y las mayores exigencias de los bancos para calificar a nuevos deudores. Esta contracción marca un fuerte contraste con el comportamiento de las grandes empresas y las líneas hipotecarias, reflejando una economía segmentada donde el sector corporativo y el mercado de la vivienda logran sostenerse, mientras las familias reducen gastos de supervivencia y extreman la cautela financiera.
El colapso del crédito familiar pone en evidencia la fragilidad del consumo interno y la incapacidad de los salarios para sostener la actividad comercial cotidiana. Para los analistas del sector, los consumidores se encuentran al límite de su capacidad de endeudamiento, obligando a las entidades bancarias a priorizar la regularización de carteras morosas por sobre la colocación de nuevos fondos. En un escenario donde el salario real no recupera terreno, la contracción del financiamiento opera como un diagnóstico implacable de la crisis que atraviesan los bolsillos populares en la región.
