Una nueva brecha en la seguridad de las instituciones culturales europeas encendió las alarmas internacionales.
Dos delincuentes irrumpieron durante la madrugada en el Museo Renoir, ubicado en la localidad de Cagnes-sur-Mer al sur de Francia, y sustrajeron obras del célebre maestro impresionista Pierre-Auguste Renoir valoradas en más de 10 millones de dólares, logrando huir tras abandonar parte del botín durante la fuga.
El hecho se registró a las 5:48 hora local, momento en que se activaron los sistemas de alarma del recinto, emplazado en la histórica finca donde el pintor pasó sus últimos años de vida. La rápida llegada de las fuerzas de seguridad provocó la huida apresurada de los asaltantes a través de los jardines del predio, obligándolos a dejar tiradas dos de las cuatro pinturas seleccionadas: «Retrato de Madame Pichon» (1895), «Retrato de Madame Colonna Romano» (1910), «Coco Lisant» (1905) y «Niña joven en la fuente» (1886). Las autoridades locales confirmaron que los delincuentes finalmente consiguieron escapar con dos de los lienzos.
El alcalde de la localidad, Bryan Masson, calificó el atraco como un ataque directo al patrimonio histórico regional y prometió reforzar las partidas destinadas a la protección de los recintos culturales. No obstante, el suceso expone la fragilidad de los esquemas de custodia en recintos que albergan colecciones de incalculable valor, en una región azotada por el avance del crimen organizado sobre el mercado de arte.
El golpe al Museo Renoir se suma a una seguidilla de atracos de alto impacto en Francia, como el multimillonario robo de joyas perpetrado en el Museo del Louvre. El episodio coincide con recientes advertencias de Europol sobre el incremento de asaltos tácticos y la proliferación de bandas oportunistas reclutadas mediante plataformas digitales para saquear el patrimonio cultural europeo.
