Un lapidario informe presentado por investigadores independientes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) puso al descubierto la brutalidad del conflicto armado en Medio Oriente, concluyendo que existen fundamentos firmes para imputar por crímenes de guerra a las fuerzas armadas de Estados Unidos. Las conclusiones, que serán expuestas formalmente ante el Consejo de Derechos Humanos, denuncian ofensivas militares indiscriminadas contra infraestructura civil que provocaron matanzas masivas de inocentes, en un escenario donde la población civil también padece la sistemática represión del propio régimen iraní.
El documento detalla operaciones bélicas de extrema gravedad perpetradas tras la escalada militar iniciada el pasado 28 de febrero. Entre los episodios documentados por la misión oficial sobresale el impacto de misiles de alta precisión Tomahawk contra la Escuela Primaria Shajareh Tayyebeh, en la localidad de Minab, donde murieron más de 150 personas —incluyendo a 120 niños y niñas—, así como bombardeos en zonas residenciales de Lamerd que dejaron decenas de víctimas fatales. En paralelo, los investigadores remarcaron la violencia institucional del gobierno iraní, que utilizó leyes represivas, ejecuciones sumarias y fuerza letal en las 31 provincias del país para aplastar las protestas sociales desencadenadas por la crisis económica, provocando la muerte de cientos de manifestantes.
Ante la gravedad de las violaciones al derecho internacional humanitario, la delegación de la ONU instó a las potencias involucradas al cese inmediato de las hostilidades y exigió al resto de los Estados miembros activar mecanismos diplomáticos para llevar a los responsables ante la justicia internacional. El dictamen expone la impunidad con la que operan los actores estatales en el teatro de operaciones globales y reabre el debate sobre la responsabilidad penal de los mandos militares en el asesinato sistemático de civiles.
