La violencia armada volvió a golpear de manera trágica a la comunidad educativa en el sur de Filipinas. Un estudiante de 16 años abrió fuego dentro de una escuela secundaria en el municipio de Banga, cobrándose la vida de dos alumnos y dejando al menos a ocho heridos —cuatro de ellos en estado crítico— antes de quitarse la vida en el lugar.
Las primeras reconstrucciones del hecho indican que el joven utilizó una pistola de nueve milímetros perteneciente a su padre, un funcionario del Departamento de Educación, tras forzar la caja fuerte donde permanecía guardada. Momentos antes del ataque, el agresor había advertido a sus amigos que se retiraran del establecimiento porque concretaría un plan, aviso que fue desestimado por sus compañeros al considerarlo una broma.
Tras la tragedia, las autoridades locales suspendieron por completo las actividades escolares en la región e iniciaron una exhaustiva investigación que pone el foco en la radicalización digital. Agentes de ciberdelincuencia analizan la actividad del atacante en la denominada True Crime Community, una red en línea frecuentada por jóvenes donde se consume y comparte material violento de corte extremista.
Este episodio representa el tercer tiroteo mortal dentro de instituciones educativas filipinas en lo que va del año. La seguidilla de ataques mortales reencendió el debate público en el país asiático sobre los controles en la custodia de armas de fuego particulares y la urgencia de regular el acceso de menores a comunidades virtuales que promueven contenidos violentos.
