La calidad de la alimentación que reciben miles de estudiantes en los comedores de Entre Ríos entró finalmente en una instancia de revisión técnica e institucional. A través de la Mesa Interinstitucional —integrada por ministerios, universidades y entidades profesionales—, el Poder Ejecutivo provincial avanza en la redefinición de los desayunos escolares con la promesa de recortar azúcares y saborizantes, elevar los niveles de fibra y proteína, e incorporar por primera vez alimentos frescos en los establecimientos educativos.
La iniciativa expone un diagnóstico preocupante sobre la dieta rica en ultraprocesados que durante años moldeó el menú escolar en la provincia. Con el objetivo de unificar criterios de compra y trazar la ruta de los recursos públicos destinados a comedores, las autoridades proyectan un monitoreo integral en unas 170 escuelas entrerrianas junto al Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (Cepea). La meta fijada para noviembre es consolidar un mapa real sobre los déficit nutricionales y crear, mediante concurso público, una dirección técnica especializada que impida que las políticas alimentarias queden sujetas a decisiones de ocasión.
Sin embargo, el anuncio formal por parte de la ministra de Desarrollo Humano, Verónica Berisso, deja abiertos interrogantes clave respecto a los tiempos y presupuestos reales de ejecución. Aunque desde el área prometen la inclusión de productos frescos y la evaluación del conjunto de las viandas diarias, el Gobierno aún no precisó la fecha exacta de implementación ni los montos asignados para sostener proveedores locales en un contexto económico complejo, donde la efectividad del plan dependerá de no quedar atascado en burocracia ni en meras declaraciones de intención.
