Por primera vez en la historia contemporánea, los jefes de Gobierno de las tres naciones descentralizadas firmaron un acuerdo conjunto para reclamar su derecho a la autodeterminación. Denuncian que el poder central de Westminster ignora las necesidades de los pueblos y advierten que la estructura institucional británica llegó a su fin.
En un movimiento político sin precedentes que pone en jaque la arquitectura institucional del Reino Unido, los primeros ministros de Escocia, Irlanda del Norte y Gales firmaron un histórico memorando de entendimiento para exigir el respeto irrestricto a su derecho de independencia y autodeterminación. La alianza de los tres ejecutivos regionales representa una embestida directa contra el gobierno central con sede en Westminster, al que acusaron de bloquear de manera sistemática los procesos democráticos de las naciones periféricas.
El documento firmado este lunes marca un quiebre en la política británica: es la primera vez desde la puesta en marcha del proceso de descentralización que los tres ejecutivos subnacionales coinciden bajo liderazgos de perfil independentista. «Para quienes nos observan desde todo el mundo, no podría haber una señal más clara de que el tiempo de Westminster está llegando a su fin. Ningún gobierno en Londres tiene derecho a bloquear la democracia ni a socavar el principio de que nuestro pueblo decidirá su propio futuro», ratifica el acuerdo formal.
El primer ministro escocés, John Swinney, calificó la cumbre de jefes territoriales como un «momento crucial» que altera de forma definitiva el tablero político del archipiélago. En la misma línea, Michelle O’Neill, vicepresidenta del Sinn Féin y líder norirlandesa, remarcó que las decisiones adoptadas en Londres jamás han respondido a los intereses de la población local, exigiendo acelerar las reformas constitucionales para definir la reunificación de la isla de Irlanda.
Asimetrías territoriales, disputas de presupuesto y la respuesta de Londres
Pese al frente unificado para denunciar el centralismo de Westminster, las estrategias tácticas difieren en cada territorio. Mientras Escocia e Irlanda del Norte presionan abiertamente por la convocatoria a nuevos referéndums de autodeterminación, el primer ministro galés, Rhun ap Iorwerth, optó por no fijar plazos inmediatos y propuso la creación de una comisión nacional para sentar las bases institucionales de un eventual proceso independentista, priorizando por el momento el reclamo por mayores competencias en materia de justicia y seguridad.
El trasfondo del conflicto no solo es constitucional, sino también financiero. Las naciones descentralizadas incrementaron sus reclamos por la inequidad en la distribución del gasto público nacional y la obsolescencia del esquema de financiamiento que maneja el Palacio de Hacienda británico. Frente al avance de la marea autonomista, desde el Gobierno central del Reino Unido intentaron bajar el tono a la crisis reafirmando la vigencia de la unión territorial, de cara a la reunión formal que el primer ministro británico mantendrá con los tres líderes regionales el próximo mes.
