El gobernador Rogelio Frigerio encabezó esta semana una recorrida por el sur de Entre Ríos para oficializar la entrega de una ambulancia cero kilómetro en Ibicuy y un vehículo de traslado en Villa Paranacito. Si bien el Ejecutivo provincial intentó capitalizar la jornada como un avance histórico en materia de infraestructura, la realidad técnica del operativo deja al descubierto las severas falencias del sistema estatal: las unidades no fueron adquiridas con fondos ordinarios del Ministerio de Salud, sino canalizadas mediante donaciones de la Delegación Argentina ante la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande (CTM).
Durante el acto en el Hospital Behring de Ibicuy, el ministro de Salud, Daniel Blanzaco, reconoció que al asumir la gestión constataron que más de la mitad del parque automotor sanitario provincial superaba la década de antigüedad. Las demoras estructurales para equipar a los centros de atención del departamento Islas del Ibicuy obligaron a recurrir al auxilio financiero de entes binacionales para dotar de insumos básicos como desfibriladores, tubos de oxígeno y lanchas de asistencia fluvial, herramientas indispensables para una geografía expuesta a constantes emergencias de traslado.
A pesar de las promesas de renovación y del reconocimiento explícito al personal médico que se desempeña en condiciones adversas, el despliegue de aportes fragmentados resulta insuficiente frente al histórico olvido que padece el sur entrerriano. La dependencia de subsidios externos para garantizar derechos elementales evidencia la falta de un presupuesto de salud soberano y sostenible, dejando a miles de isleños a la espera de respuestas de fondo que resuelvan de forma definitiva la precarización hospitalaria en la región.
