En la recta final del balotaje que lo enfrenta a Luiz Inácio Lula da Silva, el senador Flávio Bolsonaro desplegó una plataforma de gobierno de perfil fuertemente conservador y ultraliberal. De cara a los comicios donde encabeza las encuestas por un estrecho margen, el candidato prometió declarar la «guerra» al narcotráfico, catalogar a las principales bandas criminales como organizaciones terroristas y acoplar a Brasil al Escudo de las Américas impulsado por Donald Trump. La propuesta combina el uso de fuerzas armadas en puertos y zonas estratégicas con la flexibilización en el acceso a armas para civiles, consolidando una agenda de seguridad que busca capitalizar el descontento social ante la violencia urbana.
En el terreno económico, el heredero político de Jair Bolsonaro prometió un drástico plan de ajuste fiscal destinado a recortar unos 200.000 millones de reales mediante la eliminación masiva de ministerios y la reestructuración de la administración pública. Asimismo, en una jugada tendiente a disputar la agenda institucional, propuso erradicar la reelección presidencial en la Constitución y limitar el mandato de los jueces del Supremo Tribunal Federal, a quienes acusó de parcialidad política. A pesar del viraje hacia la austeridad, el legislador debió ceder ante la presión popular y convalidar el fin de la jornada laboral 6×1, una demanda social de fuerte arraigo entre los trabajadores.
Sin embargo, el tramo más tenso de su reaparición mediática estuvo marcado por las severas sospechas de corrupción e irregularidades financieras que salpican a su entorno. El candidato debió dar explicaciones sobre los millonarios aportes del banquero detenido Daniel Vorcaro destinados a financiar una película biográfica sobre la familia Bolsonaro, expediente en el cual la Policía Federal investiga el desvío de fondos hacia firmas inmobiliarias en los Estados Unidos. Entre proclamas de austeridad y cuestionamientos éticos, la propuesta de la ultraderecha busca afianzar su hegemonía imponiendo un modelo de libre mercado y mano dura antes de la votación decisiva.
