El costo de producción en la Argentina volvió a encender las alarmas de la economía real. Según datos oficiales del INDEC, el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) sufrió una marcada aceleración durante septiembre al escalar al 3,2%, superando con holgura la marca del 2,1% registrada en el mes anterior. Con este resultado, el indicador acumula una suba del 22,8% en los primeros nueve meses del año y un 29,2% en la variación interanual, dejando en evidencia que la contención de precios en la cadena de comercialización sigue siendo una promesa difusa que amenaza con trasladarse directamente al bolsillo golpeado de las familias.
La disparada de la inflación mayorista superó por 1,3 puntos porcentuales al índice de precios al consumidor minorista y estuvo impulsada de manera determinante por el sector energético. El valor del petróleo crudo registró un alza mensual del 15% —acumulando un alarmante incremento del 67,7% interanual— debido a las fluctuaciones del mercado internacional y las tensiones geopolíticas. En el plano local, los combustibles y los insumos primarios lideraron las incidencias negativas sobre los costos de producción, arrastrando detrás a rubros sensibles como los productos agropecuarios, refinados y la industria de alimentos y bebidas.
Este nuevo repunte confirma el quiebre de la breve tendencia a la baja que se había insinuado a mediados de año, cuando los precios del productor rondaban el 0,8%. La aceleración del 3,8% en los precios básicos del productor anticipa una persistente transferencia de costos hacia los comercios de cercanía y los supermercados. Mientras los salarios continúan perdiendo terreno frente a la escalada constante de las materias primas y la energía, la falta de controles efectivos sobre las cadenas formadoras de precios augura un escenario de mayor presión recesiva sobre el consumo y la economía regional.
