La fractura en Medio Oriente sumó un nuevo capítulo de alta tensión geopolítica. El gobierno de Bahréin confirmó este sábado que se niega a participar en la cumbre diplomática convocada en Omán junto a Irán y los Estados del Golfo, orientada a destrabar el bloqueo sobre el estrecho de Ormuz. Desde la cancillería de Manama sostuvieron que la estabilidad regional no se resolverá mediante políticas de «apaciguamiento» y exigieron la apertura inmediata de la vía marítima estratégica sin condicionamientos ni cobro de tasas.
El rechazante gesto bahreiní contrasta con el acercamiento registrado en la cumbre de los BRICS en Nueva Delhi, donde el presidente iraní Masud Pezeshkian mantuvo un primer encuentro presencial con el príncipe heredero de Abu Dabi, Jaled bin Mohamed bin Zayed Al Nahyan. Pese a la suspensión de relaciones comerciales e intercambios financieros dictada por Emiratos Árabes Unidos tras los recientes ataques con misiles en su territorio, ambas partes abrieron un canal de conversación para intentar desescalar un conflicto que golpea severamente la economía global.
En paralelo, los coletazos de la parálisis en Ormuz continúan presionando los precios de los combustibles en Europa. De visita en Irlanda, el presidente estadounidense Donald Trump insistió en que el Reino Unido debe liberar de forma urgente las reservas petroleras del mar del Norte para frenar la escalada inflacionaria de los insumos energéticos, al tiempo que reveló contactos por parte de la milicia hutí de Yemen para evitar un choque directo con las fuerzas navales de Washington en la ruta hacia el mar Rojo.
