La desaceleración de la inflación general no logra derramarse en la economía de a pie. En Paraná y el resto de la provincia, los almacenes de barrio continúan inmersos en un escenario crítico donde la Canasta Básica Total supera al índice general de precios, los costos fijos no dan tregua y la caída del consumo acumula años de retroceso consecutivo.
Desde el sector comercial advierten que, pese a la estabilidad de ciertos rubros, insumos de consumo diario como lácteos y bebidas de primeras marcas registran subas sistemáticas mes a mes. A este panorama se le suma el fuerte impacto del esquema tarifario en electricidad, internet y servicios clave para sostener la infraestructura de refrigeración, recortando de manera drástica los márgenes de ganancia en el pequeño comercio.
El ahogo económico se agrava por una doble presión competitiva: mientras las grandes cadenas de supermercados imponen promociones difíciles de igualar para el comercio minorista, la proliferación de la venta informal actúa como un factor distorsivo. Frente a la pérdida del poder adquisitivo y el desempleo, aumentan los emprendimientos no regulados que comercializan alimentos sin afrontar alquileres, tasas municipales ni cargas tributarias, dejando a los almacenes tradicionales en una posición de absoluta desventaja
