Frente al debilitamiento de Hezbollah y Hamas tras los recientes conflictos armados, la estrategia defensiva y militar de Teherán inició una reconfiguración hacia el golfo Pérsico y el mar Rojo. El régimen iraní busca afianzar la cooperación operativa entre los rebeldes hutíes de Yemen y diversas milicias apoyadas en Irak. Esta alianza busca ejercer una presión coordinada mediante un «efecto pinza» sobre Arabia Saudita y las rutas estratégicas de transporte de hidrocarburos, elevando los costos de los aliados de Estados Unidos en la región.
El nuevo esquema de cooperación quedó evidenciado en ataques con drones a instalaciones petroleras y en la reciente declaración de un bloqueo marítimo hutí contra el transporte hidrocarburífero en el mar Rojo. Estas acciones conjuntas derivaron en respuestas militares directas con bombardeos aéreos por parte de Washington y Riad sobre posiciones en Irak. El cierre de facto del estrecho de Ormuz y los ataques en rutas de navegación alternativas han forzado a la industria energética a operar bajo constante amenaza, poniendo en riesgo la estabilidad del suministro global.
La escalada de las hostilidades fracturó los frágiles acuerdos de alto el fuego vigentes en Yemen y reavivó los temores de un conflicto armado a gran escala en Medio Oriente. Mientras Irak intenta exigir el desarme de las facciones irregulares dentro de su territorio, la proliferación de armamento avanzado y el uso de tácticas híbridas complican la resolución diplomática del diferendo geopolítico en la región.
