La masa de agua que castiga al norte del país ya inició su descenso inexorable hacia el sur de Entre Ríos, y la localidad de Ibicuy se transformó en el escenario de una vertiginosa carrera contra el tiempo. Con el río Paraná marcando actualmente un metro de altura, las autoridades locales estiman un margen de apenas dos semanas antes de que el pico de la crecida impacte en la zona. Las obras de contención y el despliegue de emergencia a marcha forzada vuelven a poner en el centro del debate la vulnerabilidad histórica de las comunidades ribereñas y la necesidad de soluciones de fondo que eviten que cada fenómeno climático derive en una amenaza crítica para la población.
Contención a contrarreloj y el impacto en la matriz productiva de las islas
Frente al avance imminente del agua, las tareas se concentran en puntos neurálgicos como la Ruta Provincial 45, en cercanías del arroyo Brazo Largo, donde se disponen más de 600 bolsones de arena y barreras plásticas para frenar el anegamiento que amenaza desde el río y desde los campos. En paralelo, el fenómeno hídrico ya provocó un éxodo productivo: durante los últimos 20 días se intensificó el traslado masivo de ganado desde las islas y la zona de Mazaruca hacia tierra firme en un despliegue logístico de urgencia. La situación expone la fragilidad con la que productores y trabajadores isleños deben resguardar su capital de trabajo ante la recurrencia de las crecidas.
El drama social en las costas: asistencia anticipada y el fantasma de las evacuaciones
El municipio desplegó relevamientos junto a Prefectura y equipos de Salud para mapear las zonas costeras e insulares más expuestas, colaborando con los vecinos en el resguardo de bienes y la preparación de espacios de evacuación. Aunque se adquirieron 8.000 bolsas de arena, maquinaria y motobombas, el escenario futuro sigue condicionado a la efectividad de los sistemas de achique y a la coordinación con Defensa Civil, Vialidad y el Gobierno provincial. La resiliencia de los pobladores no puede seguir siendo el único escudo; la inminente llegada de la crecida exige una respuesta estatal a la altura que garantice la seguridad integral de las familias en lugar de simples parches de coyuntura.
