La fragilidad de la infraestructura hidráulica y la falta de obras de drenaje adecuado volvieron a quedar al descubierto en la provincia de Entre Ríos. Durante la mañana de este jueves 22 de octubre, un violento temporal azotó a la ciudad de La Paz, registrando la caída de 45 milímetros de agua en un brevísimo lapso de tiempo. Acompañado por intensas ráfagas de viento y abundante granizo pequeño, el fenómeno meteorológico sobrepasó de inmediato la capacidad de evacuación de los desagües pluviales, transformando las arterias urbanas en verdaderos ríos y forzando a los automovilistas a buscar refugio de emergencia en estaciones de servicio.
El colapso del sistema pluvial generó anegamientos severos en diversos sectores críticos de la localidad, siendo la zona ubicada detrás del Cementerio municipal una de las más golpeadas. En ese punto, la acumulación desmedida de agua provocó el ingreso directo del caudal al interior de numerosos hogares, exponiendo a familias enteras al riesgo inminente de cortocircuitos eléctricos y al deterioro irreparable de sus pertenencias. Las postales de desesperación entre los vecinos reflejan una problemática estructural recurrente que golpea directamente la tranquilidad y el patrimonio de los sectores más vulnerables.
Similares imágenes de desbordes se replicaron a lo largo del arroyo Cabayú Cuatiá, de manera particular en el tramo delimitado entre el Puente Blanco y el Puente Rojo, donde la transitabilidad quedó completamente bloqueada por la inundación de los accesos. Mientras los organismos meteorológicos mantienen los alertas por inestabilidad en todo el territorio provincial, la recurrencia de estas emergencias urbanas reabre el debate social y político sobre las responsabilidades de gestión y la urgente necesidad de concretar obras de canalización que eviten que cada tormenta se traduzca en una nueva crisis para las familias paceñas.
