Al cumplirse un cuarto de siglo del ataque que reconfiguró la geopolítica global, el presidente Donald Trump encabezó la ceremonia oficial en el Pentágono. En un clima de tensión internacional, el mandatario estadounidense utilizó la conmemoración para ratificar la postura bélica de su administración y enviar un directo mensaje de advertencia contra la República Islámica de Irán.
A diferencia del resto de la cúpula política de Washington —donde los expresidentes George W. Bush, Barack Obama, Bill Clinton y Joe Biden, junto al vicepresidente JD Vance, se congregaron en el Monumento Nacional de Nueva York—, Trump optó por segundo año consecutivo por presidir el acto en la sede central de las Fuerzas Armadas. Durante su alocución, remarcó que las lecciones del pasado obligan a sostener la presencia militar en Oriente Medio para evitar que Teherán desarrolle capacidad nuclear.
La jornada a lo largo de Estados Unidos estuvo marcada por tributos solemnes en memoria de las miles de víctimas de los atentados de 2001. Sin embargo, el centro del discurso presidencial en el Pentágono dejó en claro que la memoria del 11 de septiembre continúa siendo utilizada como el pilar doctrinario para justificar las intervenciones militares y la hegemonía geopolítica de Washington en el tablero internacional.
