En una extensa y reveladora entrevista el gobernador Rogelio Frigerio repasó las tensiones centrales de su administración en Entre Ríos, supeditando cualquier definición sobre su reelección a una resolución estrictamente familiar. Lejos de esquivar los temas espinosos, el mandatario defendió la implementación de la Ley de Ética Pública y Ficha Limpia, al tiempo que cuestionó con dureza el ingreso histórica de militantes y parientes al Estado sin concursos previos. Sin embargo, en un contexto de fuerte ajuste y demandas sociales latentes, la gestión provincial busca blindar su relato institucional en medio de frentes abiertos que van desde los reclamos financieros a la Nación hasta la sombra de una crisis climática inminente.
El capítulo judicial y penitenciario también ocupó un lugar central en el balance político del Ejecutivo. Consultado sobre la condena al exgobernador Sergio Urribarri y las polémicas imágenes difundidas desde la Unidad Penal N° 1, Frigerio calificó la situación como “muy triste para la provincia”, lamentando que la agenda entrerriana quede atada a la corrupción de sus exmandatarios en lugar de destacar sus perfiles productivos. A la par, el gobernador defendió las auditorías y los concursos de precios en la obra pública —presumiendo un promedio de 12 oferentes por licitación—, aunque reconoció los límites de los controles internos al admitir tajantemente: “No puedo garantizar que no haya un funcionario corrupto; lo que puedo garantizar es que no haya un sistema estatal corrupto”.
Finalmente, el mandatario expuso su máxima preocupación operativa frente al impacto del fenómeno climático de El Niño y la amenaza de crecientes sobre los ríos Paraná y Uruguay. Con defensas costeras bajo revisión y operativos coordinados con municipios y fuerzas nacionales, Frigerio admitió el drama humano que se avecina, reconociendo incluso que su propio establecimiento productivo y su casa en Villa Paranacito podrían quedar bajo el agua. Entre la presión por equilibrar las cuentas públicas mediante demandas a la Corte Suprema y el desgaste de un vínculo social erosionado por la crisis económica, el futuro político del mandatario entrerriano permanece atado a una ecuación familiar que aún no tiene veredicto.
