El arresto de Francis Cabello, de 32 años, en el barrio South Richmond Hill de Queens, Nueva York, sacudió a la comunidad local tras ser imputada por homicidio en segundo grado tras la muerte de su hija Fabiana, de tan solo cinco años. El hecho se desencadenó cuando la propia mujer se comunicó con el servicio de emergencias 911 para confesar que había matado a la menor. Al arribar al domicilio, los efectivos policiales hallaron a la niña inconsciente en la planta alta con sangre en el rostro y signos compatibles con asfixia, siendo trasladada de urgencia al Jamaica Hospital Medical Center donde se confirmó su deceso.
Los peritajes preliminares de la Oficina del Médico Forense revelaron que el cuerpo de la pequeña presentaba raspones en la cara y pequeñas hemorragias en los ojos, pulmones y corazón, compatibles con un cuadro de asfixia mecánica. La investigación judicial estima que el ataque ocurrió en el lapso de una hora y media en el interior de la vivienda familiar. Este caso expone una vez más la extrema vulnerabilidad a la que quedan expuestas las infancias en contextos de crisis psiquiátricas graves que no reciben un seguimiento institucional adecuado.
Tras el crimen, familiares de la imputada confirmaron que la mujer había permanecido internada recientemente durante un mes en un centro psiquiátrico debido a severos problemas de salud mental, sospechando que había interrumpido su medicación. En paralelo, el padre de la menor apela a la solidaridad comunitaria mediante colectas digitales para afrontar los costos funerarios mientras continúa trabajando de chofer. La tragedia pone de manifiesto la falta de redes de contención médica y la necesidad imperiosa de que los sistemas de salud pública fiscalicen con rigurosidad los tratamientos ambulatorios en pacientes de alto riesgo.
