Bajo la justificación de sostener la rentabilidad empresaria, YPF le cerró la puerta a cualquier posibilidad de rebaja en las estaciones de servicio. El presidente y CEO de la petrolera, Horacio Marín, confirmó que aunque la cotización internacional del petróleo retroceda, la compañía mantendrá elevados los precios de los combustibles en el mercado interno. La empresa argumenta que actualmente aplica un mecanismo de «amortiguación» para no trasladar de golpe los picos del crudo a los surtidores, pero advirtió sin rodeos que cuando el valor del barril baje utilizará esa diferencia para «recuperar los meses anteriores», anulando de plano todo alivio para el bolsillo de la gente.
Esta postura comercial reaviva la polémica sobre la falta de regulación estatal en un insumo determinante para la inflación y la producción regional. Marín ratificó que el precio de la nafta en Argentina debe consolidarse en dólares —con un piso estimado de entre US$ 1,27 y US$ 1,30 por litro— y defendió la desregulación absoluta del mercado. Desde la conducción de la firma, la dolarización de los surtidores se presenta como la única vía para garantizar las inversiones corporativas y financiar los megaproyectos de transporte y exportación planificados sobre el yacimiento de Vaca Muerta.
La lógica financiera de la petrolera vuelve a priorizar los balances de balance y la captación de divisas por encima del impacto en los usuarios y el transporte nacional. Mientras la compañía proyecta exportaciones multimillonarias por más de 5.000 millones de dólares para 2027 bajo el amparo de beneficios impositivos como el RIGI, los trabajadores y las pymes provinciales continúan absorbiendo el costo directo de una tarifa atada al dólar. El anuncio de YPF deja al descubierto como la desregulación económica subordina el interés popular en función de las metas de ganancia de las grandes corporaciones.
